Circular-Lab

La inmunidad al coronavirus podría persistir durante años.

Hay luz al final de túnel, por eso es importante vacunarse.

En España la vacunación de personas entre 50 y 59 anos avanza a buen ritmo, y esta previsto que en junio comience el siguiente grupo entre los 40 y 49 años.
En total cerca de 17 millones (el 35,7% de la población) ya han recibido la primera dosis y ocho millones de personas ya están totalmente vacunadas. Gracias a las varias medidas aplicadas y a este buen porcentaje de vacunados se están reduciendo y bajando la incidencia del virus y se presenta una temporada estival esperanzadora.

La importancia de las vacunas. Según dos nuevos estudios se ha demostrado que la inmunidad al coronavirus duraría al menos un año, posiblemente toda la vida y además con el paso del tiempo mejoraría, especialmente después de la vacunación. Los resultados esperanzadores pueden ayudar a frenar los temores que persisten de que la protección contra el virus sea transitoria como ocurre con los coronavirus que causan los resfriados comunes.

Según uno de los estudios, publicado en la revista Nature, las células que conservan la memoria del virus permanecen en la médula ósea y pueden producir anticuerpos cuando se necesiten.
En otro estudio, publicado en BioRxiv, se descubrió que las denominadas células de memoria B siguen madurando y fortaleciéndose durante al menos 12 meses después de la infección inicial.
Las publicaciones sugieren que la mayoría de las personas que se hayan recuperado de la Covid-19 y que hayan sido vacunadas posteriormente no necesitarían dosis de refuerzo. Sin embargo, es probable que las personas vacunadas y que nunca se hayan infectado, al igual que una minoría que se ha infectado pero que no ha producido una respuesta inmunitaria adecuada, deban recibir las pautas completas de las vacunas.
Ambos estudios han analizado a personas que habían estado infectadas por el coronavirus un año antes.

«Los resultados concuerdan con la creciente literatura que sugiere que la inmunidad provocada por la infección y la vacunación contra el SARS-CoV-2 parece ser de larga duración», dijo Scott Hensley, inmunólogo de la Universidad de Pensilvania.

Los estudios permiten mitigar los temores de que la inmunidad al virus sea transitoria, como ocurre con los coronavirus que causan los resfriados comunes y que mutan significativamente cada pocos años, dijo el Dr. Hensley. «La razón por la que nos infectamos con coronavirus comunes repetidamente a lo largo de la vida podría tener mucho más que ver con la mutación de estos virus que con la inmunidad», afirmó.

Según el Dr. Michel Nussenzweig, inmunólogo de la Universidad Rockefeller de Nueva York que dirigió el estudio sobre la evolución de la memoria immunitaria, las células B producidas en respuesta a la infección por el SARS-CoV-2 y potenciadas con la vacunación parecen ser tan potentes que incluso podrán hacer frente a las variantes del virus, lo que podría evitar la necesidad de ulteriores dosis de refuerzos. «Las personas infectadas que se vacunan tienen realmente una respuesta extraordinaria, un conjunto de anticuerpos excelente, porque siguen formando sus anticuerpos» y «espero que perduren por mucho tiempo», dijo el Dr. Nussenzweig.

Tal como hemos dicho en estos estudios se ha investigado y demostrado que las células B, al encontrarse por primera vez con el virus, proliferan rápidamente y producen anticuerpos en grandes cantidades. Una vez resuelta la infección aguda, un pequeño número de células se quedan en la médula ósea y producen niveles razonables de anticuerpos.
Sin embargo, es posible que el resultado no se pueda aplicar a la protección exclusivamente derivada por las vacunas porque, en comparación con la que se desarrolla después de una infección natural, es probable que la memoria inmunitaria actúe de forma diferente. Eso significa que las personas que no han tenido Covid-19 y han sido inmunizadas pueden necesitar con el tiempo una vacuna de refuerzo, indicó el Dr. Nussenzweig.

Para estudiar las células B, los investigadores dirigidos por el Dr. Ali Ellebedy, de la Universidad de Washington en San Luis, analizaron la sangre de 77 personas a intervalos de tres meses, comenzando aproximadamente un mes después de su infección. Sólo seis de los 77 habían sido hospitalizados por Covid-19; el resto había tenido síntomas leves.
Los niveles de anticuerpos de estas personas disminuyeron rápidamente cuatro meses después de la infección y siguieron disminuyendo lentamente durante los meses siguientes, resultados que coinciden con los de otros estudios.
A pesar de todo, algunos científicos han interpretado este descenso como un signo de disminución de la inmunidad, pero es exactamente lo que se esperaba, dijeron otros expertos. Porque si la sangre contuviera grandes cantidades de anticuerpos contra todos los patógenos que el cuerpo ha encontrado, se transformaría rápidamente en un fluido muy viscoso.
En cambio, los niveles de anticuerpos en sangre descienden bruscamente tras una infección aguda, mientras que las células B permanecen inactivas en la médula ósea, listas para entrar en acción cuando sea necesario.

El equipo del Dr. Ellebedy obtuvo muestras de médula ósea de 19 personas aproximadamente siete meses después de haberse infectado. Quince tenían células B detectables, pero cuatro no, lo que sugiere que algunas personas podrían tener muy pocas células o ninguna.
Los resultados refuerzan la idea de que las personas que se han recuperado de Covid-19 deben vacunarse, dijo.
Cinco de los participantes en el estudio del Dr. Ellebedy donaron muestras de médula ósea siete u ocho meses después de haberse infectado y de nuevo cuatro meses más tarde. Él y sus colegas descubrieron que el número de células de memoria B se mantuvo estable durante ese tiempo.

Por otro lado, un estudio pionero realizado en 2007 indicó que, en teoría, los anticuerpos podían sobrevivir durante décadas, quizá incluso mucho más allá de la vida media, lo que apunta a la presencia a largo plazo de células B.
El equipo del Dr. Nussenzweig examinó cómo maduran las células B con el tiempo analizando la sangre de 63 personas que se habían recuperado de Covid-19. La gran mayoría de los participantes había tenído síntomas leves, y 26 también habían recibido al menos una dosis de la vacuna Moderna o la de Pfizer-BioNTech.
El equipo descubrió que los denominados anticuerpos neutralizantes, necesarios para evitar la reinfección con el virus, se mantuvieron sin cambios entre los seis y los 12 meses, mientras que los anticuerpos relacionados, pero menos importantes, desaparecieron lentamente.
A medida que las células B seguían evolucionando, los anticuerpos que se producían desarrollaban la capacidad de neutralizar un grupo aún más amplio de variantes. Esta maduración constante puede deberse a que una pequeña parte del virus es retenida por el sistema inmunitario.
Un año después de la infección, en los participantes que no habían sido vacunados, se ha observado que la acción neutralizante es menor contra algunas formas del virus, y la mayor pérdida se ha observado contra la variante B.1.351 identificada por primera vez en Sudáfrica.
Sin embargo, la vacunación reforzó significativamente los niveles de anticuerpos, confirmando los resultados de otros estudios; las vacunas incrementaron además la capacidad inmunitaria del organismo en unas 50 veces.

Todos los expertos coinciden en que es muy probable que la inmunidad se desarrolle de forma diferente en las personas que nunca han tenido Covid-19.
Combatir un virus vivo es seguramente diferente que responder a una proteína viral introducida por una vacuna. Porque no hay garantía de que esa inmunidad sea lo suficientemente potente como para protegerle durante años, sobre todo teniendo en cuenta la aparición de variantes que pueden eludir parcialmente las defensas del organismo.
“Eso no quiere decir que no puedan tener una respuesta equivalente, pero podría ser muy distinta” dijo la Dra. Pepper inmunóloga de la Universidad de Washington en Seattle.