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Las tecnologías digitales ayudan a reducir las infecciones por COVID

Los estudios sugieren que las aplicaciones de rastreo de contactos ayudan a reducir las infecciones por COVID. Las primeras conclusiones apuntan a que las aplicaciones son muy útiles, pero se beneficiarían si estuvieran mejor integradas en los sistemas de atención sanitaria.

Desde el comienzo de la pandemia de COVID-19, para detener su transmisión, docenas de países han recurrido a aplicaciones digitales para intentar detectar a las personas expuestas al coronavirus SARS-CoV-2. Pero no ha sido fácil demostrar que estas aplicaciones de «rastreo de contactos» resultan eficaces, ya que la mayoría de las app, para proteger la privacidad de los usuarios, recogen datos de forma limitada o insuficiente. Sin embargo, los estudios realizados demuestran que las aplicaciones pueden ayudar a prevenir las infecciones y son una valiosa herramienta para la salud pública.

El rastreo de contactos es un mecanismo que permite identificar a las personas infectadas, seguir el rastro de otras personas que podrían haber estado en contacto con ellas y recopilan información relevante sobre estos contactos para tomar medidas oportunas y para minimizar la propagación de enfermedades contagiosas.
El proceso de localización de contactos tradicional se basa en el seguimiento de las personas con las que un individuo ha estado en contacto, así como de los lugares que ha visitado en los últimos días o semanas. Tradicionalmente, estos datos se guardan en archivos de papel o digitales, y las personas con posibilidades de contagio son informadas por correo o por teléfono. Se trata de un método tedioso y propenso a errores y que supone un trabajo excesivo.
Hoy en día, el rastreo de contactos se realiza a través de “smartphones”.

La mayoría de las aplicaciones actuales de rastreo de contactos que se instalan en los teléfonos inteligentes utilizan, por lo general, el sistema “Google/Apple Exposure Notification (GAEN)”, un sistema que, para detectar cuándo los usuarios han estado cerca el uno del otro y potencialmente expuesto a contraer la infección, funciona con la señal Bluetooth del teléfono (a menos de 2 metros de distancia durante más de 15 minutos). Los usuarios entonces reciben una notificación que avisa si alguien con quien han estado en contacto es positivo. El usuario expuesto puede entonces realizarse una prueba de diagnostico para averiguar su estado o ponerse en cuarentena preventiva, lo que debería ayudar a evitar la propagación de la infección.

Por otro lado, el sistema GAEN impide que las autoridades sanitarias puedan recopilar información personal relacionada con los usuarios de la aplicación o de sus dispositivos, lo que ayuda a resolver los problemas de privacidad planteados en los primeros momentos de la pandemia. Aunque cabe destacar que no todas las aplicaciones de rastreo de contactos lo impiden. La aplicación TraceTogether de Singapur ha generado muchas críticas porque los datos que recoge podrían ser utilizados por la policía en investigaciones criminales.

Evidencias actuales

En febrero, los investigadores británicos publicaron una evaluación de la aplicación COVID-19 del Servicio Nacional de Salud (NHS), que se lanzó en Inglaterra y Gales a finales de septiembre. La evaluación, que aún no ha sido revisada por los expertos, constató que la aplicación envió 4,4 notificaciones de exposición por cada usuario (que aceptó que la aplicación notificara a sus contactos) que dio positivo al SARS-CoV-2. Esta cifra es más del doble de la media de 1,8 contactos notificados a través del rastreo manual de contactos.

El estudio utilizó dos métodos, un modelo matemático y una comparación estadística de los barrios que difieren en el uso de la aplicación, para estimar que la aplicación podría haber ayudado a evitar más de 224.000 infecciones entre octubre y diciembre de 2020. El modelo supone que alrededor del 61% de las personas que recibieron una notificación de exposición y recibieron instrucciones de ponerse en cuarentena durante un máximo de dos semanas siguieron ese consejo. Esta cifra es ligeramente inferior a la de una encuesta realizada el 13 de enero en el Reino Unido, en la que se constató que alrededor del 80% de las personas a las que se les indicó que hicieran la cuarentena lo hicieron.

Hasta la fecha, la aplicación de NHS se ha descargado en más de 21 millones de teléfonos móviles, de los cuales unos 16,5 millones son usuarios habituales. Eso representa aproximadamente el 28% de la población, o bien el 49% de las personas con teléfonos compatibles.
«Las cifras en el Reino Unido son buenas, pero todavía no son extraordinarias», afirma el matemático Luca Ferretti, de la Universidad de Oxford (Reino Unido), que ha trabajado en el análisis del estudio. El equipo de investigadores ha estimado que cada aumento del 1% de los usuarios de apps de rastreo, por encima de un mínimo del 15%, permite reducir el número de infecciones entre un 0,8 y un 2,3%.

Ahora bien y no obstante, Von Wyl, epidemiólogo de University of Zurich, avala que es difícil afirmar que las infecciones y las muertes se evitaron porque la gente utilizó la aplicación. «Que las personas que reciben la notificación de exposición no significan que no hubieran acabado en el registro manual de contactos», alega.

Sin embargo, los resultados del equipo del Reino Unido reflejan lo que han constatado otros investigadores. Un estudio piloto de la aplicación española Radar Covid, realizado en las Islas Canarias en julio y publicado el mes pasado, también descubrió que la aplicación había notificado aproximadamente el doble de personas expuestas a infecciones simuladas, en comparación con el rastreo manual de contactos. Y una evaluación de la aplicación SwissCovid, en fase de publicación en febrero, constató que, la aplicación hizo aumentar, en Zúrich, de un 5% el número de personas que observaron la cuarentena en de las cuales el 17% resultaron después ser positivas.

Von Wyl afirma que, aunque las cifras puedan parecer bajas, la contribución es significativa. «El hecho de evitar un caso ahora, o una transmisión hoy, previene potencialmente otras transmisiones en el futuro «, comenta.

El rastreo digital de contactos es especialmente eficaz para identificar a los contactos que no viven en el mismo lugar. Von Wyl y su equipo determinaron que los contactos a los que se notificó la exposición mediante la aplicación SwissCOVID, y no pertenecientes a la misma burbuja, se pusieron en cuarentena un día antes que aquellos a los que se le notificó mediante el rastreo manual de contactos. La aplicación COVID-19 del NHS también redujo la demora de la cuarentena en uno o dos días, afirma Christophe Fraser, experto de modelos matemáticos de las enfermedades infecciosas de la Universidad de Oxford, y que dirigió la evaluación.

La integración es fundamental

Ahora bien, los investigadores han identificado diversos aspectos que pueden dificultar a la funcionalidad de una aplicación, como por ejemplo la integración de la misma en el sistema sanitario local.

En Suiza, por ejemplo, los usuarios de la aplicación SwissCovid que dan positivo reciben un código de su centro de salud local o de su médico y que deben introducir en la aplicación para alertar a sus contactos cercanos. Esto hace que el sistema sea manual y no automático, dice von Wyl. Cuando las infecciones por COVID-19 se dispararon a finales de 2020, las autoridades sanitarias, desbordadas, tuvieron menos tiempo para generar estos códigos, dice van Wyl. «Esto es un cuello de botella», añade.

En España se presenta una situación similar, dice Lucas Lacasa, matemático de sistemas complejos de la Universidad Queen Mary de Londres y que dirigió el proyecto piloto de las Islas Canarias. En España hay 17 comunidades autónomas, y no todas promueven el uso de la aplicación Radar Covid ni facilitan rápidamente un código a las personas que utilizan la aplicación y han dado positivo, dice Lacasa. Esto significa que no siempre se envían notificaciones a los usuarios de la app que podrían haber estado expuestos a la infección. «Es muy lamentable», afirma.

La aplicación COVID-19 del NHS, en cambio, emite automáticamente códigos a los usuarios que dan positivo, de modo que se puede iniciar el proceso de notificación desde su teléfono.

Desarrollar mejores aplicaciones

Una de las claves para mejorar las aplicaciones es la forma de medir el riesgo de exposición, afirma Joanna Masel, bióloga evolutiva de la Universidad de Arizona en Tucson, que dirige un estudio piloto de la aplicación COVID Watch en la universidad. «Los expertos en tecnología se han centrado realmente en el tema de la distancia y exposición», dice Masel, que también es directora de ciencias de WeHealth, una organización sin ánimo de lucro de California que está desarrollando su propia aplicación de rastreo de contactos.

A Masel le gustaría ver aplicaciones que pudieran predecir el riesgo de exposición según el grado de contagio de una persona. Por ejemplo, las aplicaciones podrían incorporar información sobre si un usuario está infectado con una variante más contagiosa del virus, si esa información está disponible, así como si la exposición se produjo en el interior o en el exterior.

Pero von Wyl advierte del peligro de ampliar las funciones de una aplicación más allá de lo que el público está dispuesto a aceptar. «Se trata de un delicado equilibrio entre añadir más información, u obtener más información de ella, pero quizá después perder más usuarios debido a un incremento del miedo de ver violada su privacidad», afirma.
Las encuestas digitales, los análisis epidemiológicos y los estudios experimentales, como el piloto Radar COVID en España, pueden ofrecer una ulterior solución al control de la pandemia.
Claramente, una estrategia de comunicación eficaz que explique correctamente la función de las aplicaciones y solucione las dudas o los problemas de privacidad es esencial para aumentar su adopción.

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Las digitalizaciones de los procesos, el control en tiempo real de los datos, así como el rastreo digital de contactos pueden constituir herramientas viables que pueden reducir los niveles de transmisión y el impacto del COVID-19.