Circular-Lab

Nuevos avances en los certificados de vacunación digital.

Después del exitoso y rápido desarrollo, autorización y fabricación de las vacunas destinadas a proporcionar la inmunidad contra el COVID-19, el siguiente paso ahora se está centrando en agilizar la distribución y que los ciudadanos se vacunen y estén protegidos los antes posible.
Según los planes , probablemente una buena parte de la población estará vacunada antes de verano y se presenta la hipótesis que, para relanzar la economía, en los próximos meses se puedan relajar las medidas y restricciones aplicadas por la Covid a los hoteles, los restaurantes, los actos públicos, los viajes internacionales y otros aspectos de la vida social. Como consecuencia, está surgiendo la necesidad de disponer de certificados de vacunación universales que sean validos, que preserven la privacidad de los individuos, que sean seguros y a prueba de falsificación. Porque las autoridades policiales de control de las fronteras, las compañías aéreas y otras organizaciones de todo el mundo necesitan poder determinar de forma consistente y eficaz el estado de vacunación y de salud de los individuos.

En respuesta a esta necesidad, se han empezado los procesos de desarrollo de los certificado de vacunación electrónica (CVE). El objetivo sería sustituir las actuales tarjetas o cartillas de vacunación tradicionales que pueden ser falsificadas, alteradas o perdidas, por un sustituto electrónico que supere esas limitaciones. Por lo tanto, los certificados digitales deberían reunir dos funciones fundamentales: constituir un registro digital de los datos de vacunación y también servirían como prueba validada para cualquier entidad que deba verificar estos datos (por ejemplo, el personal de facturación de las aerolíneas y las autoridades de inmigración o fronterizas ). No obstante, es importante señalar que existen aspectos éticos en torno a los CVE y que deberían resolverse antes de la implantación de esta tecnología. En concreto, existe una preocupación legítima por la posibilidad de que se violen los derechos civiles y las libertades de las personas no vacunadas, así como de las poblaciones más vulnerables que, por obvias limitaciones económicas/tecnológicas, no podrían adoptar o incorporar los certificados electrónicos de vacunación. Además, como ocurre con muchas otras tecnologías sanitarias basadas en datos, existen dudas sobre la privacidad y la protección de datos.

Desde el punto de vista tecnológico, el modelo candidato y más aceptado de CVE se basaría en una aplicación para teléfonos inteligentes que se conectaría a una base de datos centralizada. El personal sanitario introduce el estado de vacunación de una persona en la base de datos, a partir de ese dato, la aplicación genera un token o código QR que indica el estado de vacunación y que puede ser verificado por las partes autorizadas. En algunos países, los certificados electrónicos propuestos aprovecharían de los actuales avances en materia de digitalización de registros de vacunas de los varios gobiernos mientras que, en otros, las bases de datos serían creadas por entidades privadas. Hasta que la vacunación esté ampliamente disponible para todos los principales grupos de población, los certificado de vacunación electrónica pueden incluir también un servicio de registro de los resultados de las pruebas de PCR y/o de antígenos que hayan sido validados. En la actualidad, una variedad de entidades, entre ellas gobiernos, consorcios y empresas, participan en el desarrollo de soluciones de CVE.
Entre los principales actores se encuentran la OMS y IATA (Organización Internacional del Transporte Aéreo). El sector se ha caracterizado hasta ahora por una considerable heterogeneidad de modelos distintos de CVE y que desafortunadamente no suelen ser compatibles entre sí.

Como ya se trató en un anterior articulo aquí en Circular-lab cabe recordar que, a mediados de 2020, se produjo una situación análoga con las aplicaciones de rastreo de los contactos de las personas que resultaron positivas a los test. Al principio, se desarrollaron soluciones muy diversas, desde códigos QR y seguimiento por GPS, hasta soluciones basadas en Bluetooth. En gran parte del mundo, las aplicaciones basadas en Bluetooth se convirtieron en el método más utilizado, pero esto dio lugar a una gran cantidad de soluciones incompatibles las unos con las otras. En la UE estas «guerras de formatos», que se prolongaron durante meses, retrasaron la adopción y el establecimiento del sistema de localización de contactos. Finalmente, gracias al liderazgo del mercado de los sistemas operativos móviles se impuso la solución “Google/Apple Exposure Notification (GAEN)”, estas empresas tenían el poder de impulsar una solución global al hacer que las alternativas quedaran excluidas de sus respectivas plataformas.

Para los certificados digitales, uno de los principales objetivos debería ser el de evitar que se repita una guerra de formatos de este tipo, ya que ello retrasaría su difusión y adopción. En su lugar, es necesario que surja rápidamente una solución universal, y/o que se garantice la compatibilidad entre diferentes soluciones. Es sorprendente que las personas vacunadas, los profesionales sanitarios y las autoridades adopten numerosos CVE simultáneamente sin interacción entre se mismas. Por lo tanto, deberían evitarse las soluciones estáticas que se oponen deliberadamente a los esfuerzos de dinamicidad y estandarización regionales y internacionales, como fue la decisión del gobierno francés de no adoptar la solución de rastreo de contactos de Apple y Google, perdiendo así la interoperabilidad con las aplicaciones de otros países europeos.

Para garantizar que los certificados electrónicos de vacunación tengan un desarrollo más rápido y coordinado, sería conveniente que tanto los responsables políticos como los profesionales analizaran críticamente los procesos de estandarización de estas aplicaciones y las lecciones aprendidas en el pasado. En primer lugar, ni las empresas, ni los consorcios, ni los gobiernos por sí solos fueron capaces de establecer un estándar referencial. Esto pone de manifiesto la necesidad de una colaboración coordinada de múltiples partes interesadas en el desarrollo, la propagación y la adopción de un CVE estandarizado.

Sin embargo, el planteamiento actual muestra la complejidad de la implicación de los varios actores: IATA, que supuestamente representa a todas las compañías aéreas, está comprometida en el desarrollo de una norma de CVE para toda la industria. Al mismo tiempo, sin embargo, varias y relevantes compañías aéreas están participando en el desarrollo de una solución alternativa.
En segundo lugar, en el caso de los CVE basados en aplicaciones, podría resultar especialmente importante incluir a los principales propietarios de plataformas técnicas, Apple y Google, ya que se ha demostrado que su participación permite el rápido desarrollo y la adopción de aplicaciones de rastreo de contactos mediante la inclusión de funcionalidades clave en sus sistemas operativos móviles. La implicación temprana de los organismos tecnológicos también garantiza que los posibles obstáculos tecnológicos puedan ser identificados y rectificados en una fase inicial del proceso de desarrollo para garantizar un funcionamiento y un uso sin complicaciones.
En tercer lugar, los responsables gubernamentales y de la industria deberían ser conscientes de la importancia de utilizar una solución universal, en lugar de dar prioridad a los intereses nacionales o comerciales a corto plazo. Una vez establecida una serie de pautas comunes, el papel de los gobiernos nacionales y de la industria consistirá en establecer vínculos con las infraestructuras sanitarias nacionales y las distintas apps y interfaces de usuario, así como en fomentar la adopción generalizada de los CVE.

En resumen, una vez que se hayan analizado suficientemente los problemas éticos y las implicaciones que conllevan, los CVE podrían ser una buena solución para “resucitar” las actividades que se suspendieron durante el COVID-19. Sin embargo, para aprovechar plenamente la utilidad de esta tecnología en la práctica, no se puede subestimar la importante cuestión de establecer una norma universal. En la actual fase inicial de desarrollo, todavía existe la posibilidad de homogeneizar las soluciones y evitar retrasos innecesarios debidos al cortoplacismo, al endogamismo y a la incompatibilidad de diversas soluciones tecnológicas.