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Pruebas de anticuerpos después de recibir la vacuna COVID-19 ¿Merece la pena?

En el momento actual, la Comisión Europea ha autorizado cuatro vacunas, Comirnaty, de Pfizer/BioNTech, autorizada 21 de diciembre de 2020; vacuna de Moderna, autorizada el 6 de enero de 2021; vacuna de AstraZeneca, autorizada el 29 de enero de 2021 y vacuna de Janssen/Johnson & Johnson, autorizada el 11 de marzo de 2021, y que actualmente son administradas en España, con casi el 30% de la población que ha recibido al menos una dosis y con un 14% que cuenta ya con pauta completa hay muchas dudas que surgen sobre las pruebas de anticuerpos después de la vacuna COVID-19: ¿ Es necesario? ¿Qué pueden ofrecer los resultados de las pruebas? ¿Hay algún tipo de prueba que se deba hacer?

Señalamos que, para evaluar la inmunidad adquirida, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE.UU., de momento no recomienda hacerse una prueba de anticuerpos después de recibir la vacuna.

Cabe mencionar además que si el resultado de una prueba de anticuerpos indicara que tenemos anticuerpos después de la vacuna COVID-19, eso no significaría que podemos asumir que estamos totalmente protegido en cuanto las variantes podrían jugar un factor determinante para el futuro ya que aún no está claro la eficacia completa de las vacunas contra algunas variantes. El Dr. Jeffrey Curtis,  profesor de medicina de la Universidad de Alabama en Birmingham (EE.UU.) refuerza el contexto, «Además, si como resultado adoptamos menos medidas de salud preventiva, eso puede ser un riesgo para nosotros y para la comunidad».

Por otra parte, puede ser motivo de preocupación si el test de anticuerpos no muestra un nivel alto de los mismos, en otras palabras puede que la prueba no esté reflejando correctamente la realidad.

Muchas personas aún no tienen claro sobre qué prueba de anticuerpos debería hacerse, además de que “las pruebas de anticuerpos sólo miden un componente específico del sistema inmunitario cuando hay múltiples partes que desempeñan un papel en la defensa contra el COVID-19”, expresa el médico especialista en enfermedades infecciosas Dr. Amesh A. Adalja, del Centro para la Seguridad Sanitaria Johns Hopkins. «No queremos que la gente entre en pánico pensando que no está protegida porque la prueba de anticuerpos no ha dado el resultado que deseaba», dice el Dr. Adalja.

Intentamos aportar un poco de claridad sobre lo que pueden, y no pueden, revelar las pruebas de anticuerpos después de recibir la vacuna COVID-19, y por qué parece mejor esperar hasta que se sepa más sobre estos ensayos .

Tipos de pruebas de anticuerpos
Cuando un agente patógeno como el coronavirus SARS-CoV-2 entra en el organismo, unas células llamadas linfocitos B crean anticuerpos para protegerle. Estos anticuerpos permanecen para defenderse del agente invasor en caso de que vuelva a aparecer.

Las vacunas ayudan al organismo a replicar esta respuesta sin que se produzca la enfermedad. Por eso se desarrollan anticuerpos después de una infección natural por un virus y/o después de recibir una vacuna. Sin embargo, no todos los anticuerpos son iguales y no todas las pruebas buscan los mismos tipos de anticuerpos.

Pruebas de los anticuerpos de unión
Estas pruebas de anticuerpos utilizan proteínas purificadas del SRAS-CoV-2 (no el virus activo) para detectar la presencia de anticuerpos de unión que se adhieren al virus.

La mayoría de estas pruebas detectan anticuerpos contra uno de los dos tipos de proteínas del coronavirus:
• La proteína de la nucleocápside (proteína N)
• La proteína de la espícula (proteína S)

En la actualidad muchas pruebas de anticuerpos detectan un tipo de proteína en el virus del SRAS-CoV-2 (proteína N). Esta proteína no se encuentra en la mayoría de las vacunas COVID-19.
Si una persona se infectara con el SARS-CoV-2, su cuerpo produciría anticuerpos en respuesta a múltiples proteínas virales, incluyendo la nucleocápside y la proteína de la espícula.

Por otra parte, las vacunas actualmente autorizadas para su uso en los Estados Unidos y Europa sólo desencadenan anticuerpos contra la proteína S, por lo que una prueba de anticuerpos después de recibir la vacuna sólo debería detectar anticuerpos contra esa proteína de la espícula, no contra la proteína N. En otras palabras, el tipo y la calidad de la prueba pueden afectar a los resultados que se obtengan.

«Hay que asegurarse de que se está haciendo la prueba de anticuerpos contra la proteína S, porque eso es lo que se espera encontrar después de la vacuna», y, «por otro lado, si se tiene una infección por COVID-19, cualquiera de las pruebas sería positiva porque se ha infectado con el virus completo» explica el Dr. Adalja. Varias pruebas ahora buscan anticuerpos contra la proteína S y la proteína N para distinguir entre la vacunación y la infección.

Algunas pruebas buscan anticuerpos específicos contra estas proteínas, dependiendo del tiempo que haya pasado desde que la persona se infectó o se vacunó. Por ejemplo, las pruebas de anticuerpos IgG y las pruebas de anticuerpos IgM para COVID-19.

Los anticuerpos IgG (inmunoglobulina G) se encuentran en todos los fluidos corporales y son los más comunes, constituyendo entre el 75 y el 80 por ciento de los anticuerpos del cuerpo y son muy importantes para combatir las infecciones víricas.

Los anticuerpos IgM (inmunoglobulina M) se encuentran en la sangre y en el líquido linfático y son el primer tipo de anticuerpo que se produce como respuesta a una infección. Incitan a otras células del sistema inmunitario a eliminar sustancias extrañas. Los anticuerpos IgM constituyen entre el 5 y el 10 por ciento de todos los anticuerpos del organismo.

«Las IgG tienden a ser más duraderos y suelen ser los anticuerpos que se analizan en el ámbito clínico y de la investigación para determinar la protección o la inmunidad a largo plazo» en cambio  «las IgM se observan más a menudo al principio de la infección o al principio de la vacunación» afirma la Dra. Sydney Ramírez, médico especialista en enfermedades infecciosas e investigador de la Universidad de California en San Diego y del Instituto de Inmunología de La Jolla.

Pruebas de anticuerpos neutralizantes
Aunque los anticuerpos de unión se adhieren a un patógeno, no está necesariamente garantizado que lo hagan de forma que impidan que infecte a una célula, según la FDA.
Los anticuerpos neutralizantes, por el contrario, se unen a un virus y lo neutralizan para evitar que infecte una célula.
De este modo, las pruebas de anticuerpos neutralizantes determinan la capacidad de prevenir realmente la infección, además son pruebas cuantitativas, es decir, que indican el número exacto de anticuerpos neutralizantes presentes.

Estos ensayos se realizan con muestras de sangre y habitualmente en un laboratorio de investigación, aunque también se pueden realizar en entornos clínicos.
Muchos estudios de investigación (incluidos los ensayos clínicos para el desarrollo de las vacunas COVID-19), han utilizado estas pruebas para observar específicamente los anticuerpos neutralizantes, ya que estos últimos pueden bloquear (neutralizar) las partículas del virus, impidiendo que se unan a las células y las infecten. «Estos anticuerpos neutralizantes suelen ser de mayor interés a la hora de estudiar las respuestas inmunitarias inducidas por las vacunas y determinar la protección inducida por las mismas», señala la Dra. Ramírez.

La forma de medir la capacidad de neutralización también varía, y algunas pruebas son mucho más sensibles que otras. Por ello, puede ser difícil comparar las pruebas de anticuerpos neutralizantes entre estudios y laboratorios.

Los test de anticuerpos neutralizantes suelen ser pruebas de anticuerpos IgG, pero también pueden ser test de los anticuerpos IgA. Aproximadamente entre el 10 y el 15 por ciento de todos los anticuerpos son anticuerpos IgA, a pesar de ello algunas personas no los producen. Los anticuerpos IgA se encuentran sobre todo en las mucosas, la nariz, las vías respiratorias y el tracto digestivo. «La mayoría de las pruebas clínicas no buscan IgA, pero las IgA podrían ser neutralizantes», indica la Dra. Ramírez. «La IgA está más asociada a la inmunidad de las mucosas, lo que podría ser importante para la inmunidad o la prevención de infecciones pulmonares o de otras partes de las vías respiratorias en el caso del SARS-CoV-2 y otros virus respiratorios».

No obstante, los expertos siguen estudiando el funcionamiento y mecanismo de los anticuerpos neutralizantes contra el SARS-CoV-2, ya que aún no se sabe exactamente qué nivel de anticuerpos neutralizantes sería necesario para prevenir la infección.

Pruebas cualitativas frente a cuantitativas
En el mercado hay pruebas clínicas de anticuerpos que son cualitativas (generalmente las pruebas rápidas de sangre capilar), lo que significa que simplemente dan una información en forma de «positivo» o «negativo» (tipo las pruebas de embarazo) en lugar de indicar un nivel real de los anticuerpos.
Otras son cuantitativas (generalmente las pruebas serológicas de laboratorio de extracción de sangre), lo que significa que proporcionan un nivel real de anticuerpos, o título.

Dado que aún no se conoce el nivel de anticuerpos que se correlaciona con la protección frente a COVID-19, ni una prueba cualitativa «positiva» ni una cuantitativa «alta» pueden garantizar con certeza si estamos protegidos adecuadamente o no.
«En este momento, no sabemos cómo la presencia o los niveles de anticuerpos se correlacionan con la inmunidad lo suficientemente bien como para decirlo», señala la Dra. Ramírez. «En el caso de las vacunas que llevan mucho más tiempo en uso, tenemos una mejor idea de qué niveles de anticuerpos se correlacionan con la protección».
«Dadas las dificultades para interpretar las pruebas de anticuerpos, y que aún no sabemos si un nivel específico de anticuerpos después de la vacunación puede predecir la protección, sería difícil sacar conclusiones definitivas» afirma la Dra. Ramírez.

La calidad de las pruebas puede variar
No todas las pruebas de anticuerpos son iguales y, de hecho, a veces es difícil saber qué prueba de anticuerpos nos están realizando y si es de calidad.
«Por lo general, los laboratorios de los hospitales o laboratorios privados utilizan pruebas de anticuerpos altamente validadas, pero aún hay algunas que no tienen el mismo nivel de calidad», dice el Dr. Adalja.

Sin embargo, para realizar una prueba de anticuerpos hay que esperar al menos dos semanas después de una vacuna de una sola dosis o dos semanas después de la última inyección de una vacuna de dos dosis, ya que el cuerpo tendrá la capacidad de producir anticuerpos detectables.
Además, hacerse la prueba antes de que el cuerpo haya desarrollado su respuesta inmunitaria puede dar como resultado un valor impreciso y podría indicar que no se han desarrollado anticuerpos o que éstos sean bajos.

Si lo que interesa es hacerse una prueba de anticuerpos, mejor pedir recomendaciones a uno especialista que pueda asesorar sobre la calidad de las pruebas y sobre los resultados.

En resumen
Actualmente hay demasiadas incógnitas como para recomendar o hacerse una prueba de detección de anticuerpos después de la vacuna COVID-19 y pretender obtener algún elemento tangible.